Él nunca lo haría
Usamos a diario Internet sin pensar quizás en el enorme privilegio que supone disponer de una infraestructura de este tipo. Lo cierto es que esta gran red de redes está teniendo un impacto determinante en nuestra sociedad y me atrevería a decir que en la humanidad entera: vivimos una auténtica revolución, algo que cambiará para siempre la forma en que nos relacionamos entre nosotros y con el resto del mundo.
Cuando Larry Roberts envió el primer correo electrónico, nadie podría haber imaginado que Internet se convertiría en la enorme telaraña que es hoy en día, pero lo que es más importante: nadie podría haber imaginado que una red de este tipo influiría tanto sobre la humanidad en su conjunto.
Es de esperar que, con el transcurso de los años, Internet sea el germen de una especie de consciencia globalizada… principalmente porque está contribuyendo a crear un nuevo orden social basado en formas de convivencia y de autoridad diferentes, en el cual, además, la noción territorial es cada vez más débil. Creo que estamos todos de acuerdo en que Internet representa una oportunidad inédita desde un punto de vista cultural. Esto es perceptible tanto a gran escala con la aparición de proyectos gestionados a través de Internet (el movimiento del software libre y con él, toda la filosofía del conocimiento sin restricciones), como a pequeña escala, si nos fijamos por ejemplo en la cantidad de música a la que tenemos acceso hoy en día.
Por supuesto, como toda gran revolución, hay quien la teme. Internet significa, sobre todo, libertad. Y quienes tienen pánico a la libertad también lo tienen a nuestra red de redes. Así, la prohibición o la censura de Internet ha terminado por ser una de las principales obsesiones de los gobiernos de corte más represivo.

Sin embargo, Internet comienza a incomodar también al poder occidental, que parece percibir con inquietud los cambios que está provocando en la sociedad. En un mundo donde todo está cada vez más vigilado y controlado, Internet se presenta como un enorme caos donde es prácticamente imposible hacer cumplir cualquier legislación y que, sorprendentemente, es capaz de regularse a sí mismo, sin ninguna autoridad clara que lo gobierne. También hay que tener en cuenta que muchas industrias (la musical es el mejor ejemplo) empiezan a ver cómo su modelo de negocio peligra, y es posible que a ciertos niveles se esté gestando cierta “oposición”. En general, tanto a nivel político como económico Internet representa serios inconvenientes, por lo que parece probable que la clase política comience a plantearse a medio plazo si no se puede limitar o establecer un mayor control sobre las telecomunicaciones, ya sea por iniciativa propia o por la presión de ciertos poderes sociales. En occidente nos sentimos a salvo, como si la censura fuera cosa de otro mundo ajeno al nuestro. Sin embargo, las leyes que permiten cerrar casi cualquier sitio web proliferan, ya sea en nombre del orden, de la defensa de la cultura o del derecho al honor de cualquier imbécil.
Por eso el futuro de Internet me preocupa, y creo que no podemos dormirnos ahora. El reto de nuestra generación será lograr que esta filosofía emergente nos sobreviva. ¿Estamos preparados para asumirlo?



