Nadie me quiere

Hace ya unos meses que el Ministerio de Sanidad y Microsoft, que es una empresa de informática, presentaron un “robot” que resolvería preguntas sobre sexo y drogas a través del servicio de mensajería instantánea de dicha compañía, el Messenger ese. Dicho servicio estaba dirigido principalmente a ayudar a nuestros tiernos adolescentes a través de un medio que usan continuamente.

MechenyerEn su momento el tema permitió a la mayoría de los medios rellenar esos incómodos huecos informativos con “ingeniosos” reportajes, pero en mi opinión el tema es bastante serio. Trabajar con personas es trabajar con el material más delicado que existe y es una responsabilidad demasiado elevada para un estúpido agente software [inglés]. Para desempeñar esta labor ya hay personas formadas de sobra que lo hacen mucho mejor que cualquier maldita máquina, así que puestos a dar soluciones, es probablemente más útil un teléfono gratuito y confidencial de ayuda. Lo que pasa es que no queda tan moderno ni tan futurista, ni sirve para tirarse el rollo en ruedas de prensa hablando sobre las ventajas de la tecnología, la realidad virtual y lo chulos que son los putos guiños del Messenger.

En el plano técnico opino que la aplicación es bastante mala en su categoría, y de hecho ya comenté aquí hace más de dos años alguna aplicación que se hace pasar por humano con bastante éxito, y hace un poco menos escribí un poco sobre Anna, la asistente virtual de Ikea, que funciona bastante mejor. Así que Microsoft se la ha colado al Ministerio… no quiero pensar lo que habrán cobrado por el programa en cuestión –trabajar para la administración es un chollo–, pero lo cierto es que a primera vista parece parece bastante sencillo hacer tu propio robot…

El caso es que poco a poco la gente empezó a darse cuenta de que las respuestas que daba la simpática criatura –Robin se llamaba– no eran siempre tan acertadas como deberían, y más en un tema tan delicado. Así que empezaron a surgir algunas críticas. Como soy el hombre desactualizado, cuando yo me enteré de todo y agregué al Messenger a Robin para consultar mi mar de dudas, alguien le había practicado una lobotomía frontal.

Y allí estaba yo, adolescente de 22 años, con la respiración agitada, incapaz de dar respuesta a mis tribulaciones. Lean, lean:

Pau dice:
¡Hola Robin!

Robin dice:
Welcome. My name is Robin.

Pau dice:
Necesito hablar contigo

Robin dice:
Hola, soy Robin, y estoy aquí para responder a tus preguntas sobre salud sexual y alcohol. En este momento estoy actualizándome, vuelve pronto y estaré encantado de resolverte tus dudas. Mientras tanto puedes mandarme un correo a robin@msc.es con tus dudas. ¡Hasta pronto!

Pau dice:
¿No puedes ayudarme? Tengo un grave problema. Creo que estoy embarazado.

Robin dice:
Hola, soy Robin, y estoy aquí para responder a tus preguntas sobre salud sexual y alcohol. En este momento estoy actualizándome, vuelve pronto y estaré encantado de resolverte tus dudas. Mientras tanto puedes mandarme un correo a robin@msc.es con tus dudas. ¡Hasta pronto!

Pau dice:
Por favor, necesito compartir todo esto con alguien. No paro de llorar. ¿Cómo voy a contárselo a mis padres?

Robin dice:
Hola, soy Robin, y estoy aquí para responder a tus preguntas sobre salud sexual y alcohol. En este momento estoy actualizándome, vuelve pronto y estaré encantado de resolverte tus dudas. Mientras tanto puedes mandarme un correo a robin@msc.es con tus dudas. ¡Hasta pronto!

Pau dice:
¿Por qué nadie me escucha? A veces pienso que debería suicidarme…

Robin dice:
Hola, soy Robin, y estoy aquí para responder a tus preguntas sobre salud sexual y alcohol. En este momento estoy actualizándome, vuelve pronto y estaré encantado de resolverte tus dudas. Mientras tanto puedes mandarme un correo a robin@msc.es con tus dudas. ¡Hasta pronto!

Otra dramática y kafkiana escena del hombre contra la máquina. Yo, pobre adolescente embarcado en una dura lucha en busca de la verdad, me enfrentaba a la incomprensión de Robin, mi único amigo. Al final, por cierto, decidí no suicidarme.

Lo cierto es que el doctor lleva meses “actualizándose”, supongo que será debido a que su estreno estuvo rodeado de cierta polémica por algunas de las respuestas que daba, no demasiado acertadas. La mayoría de los medios no fueron más allá, pero en otros pude leer artículos bastante críticos. En este último enlace, por cierto, nos regalan fantásticos fragmentos de la conversación que mantuvieron los periodistas con el doctor Robin. Mi favorito sin duda es:

¿Qué me pasa si me fumo un porro?

Si quieres más información acerca de alcohol . ¿Qué ocurre cuando se consumen bebidas alcohólicas? ¿Dónde puedo acudir si necesito ayuda?

Jo, cuánto lamento haber llegado tarde a la quema… Por cierto, ¿y el dinero?

Publicado en Actualidad, Inteligencia artificial | 3 Comentarios

Inteligencia artificial y estupidez humana

Para lograr que los ordenadores lleguen a pensar como nosotros veo dos opciones: La primera es intentar que las máquinas sean cada vez más inteligentes, y la segunda es conseguir que los humanos seamos cada día más estúpidos.

A fecha de hoy, los progresos realizados sobre la primera opción son muy modestos. No obstante, en el caso de la segunda estamos obteniendo resultados prometedores.

Publicado en Inteligencia artificial | 4 Comentarios

Nombres desafortunados

Visto anoche en Salamanca:

Torete y Vaquilla, alegres bandoleros

¿Ratero y Garrote, S.L.? No sé a qué se dedicarán exactamente, pero no da mucha confianza xD.

Publicado en Inteligencia artificial | 5 Comentarios

Ikealigencia Artificial

Hoy estoy feliz de la vida porque me ha llegado un correo bastante divertido con una cosilla que no conocía (y que por lo que me han dicho tiene ya unos meses…). Bien, resulta que los de Ikea han creado una especie de empleada virtual que te ayuda a moverte por su sitio web (para entendernos, es la versión moderna y usable del Clippo ese que todos odiamos).

Bien, que yo sepa está disponible al menos en esta web. Hay que seleccionar “Pregúntale a Anna” abajo a la derecha. Es un recuadrito con esta pinta:

Vamos, pregúntame, no seas tímido
Se abre una ventana donde podremos preguntarle lo que queramos: “¿cómo comprar un sofá?” y cosas así. Lo que pasa es que muchos han aprovechado para someterla a un “Test de Turing” (llamémoslo así xD) algo particular.

Yo empecé por cosas más o menos normales, como preguntarle el nombre y similares. También puedes presentarte. En general se defiende bastante bien, aunque lo mejor es, siguiendo los consejos del correo que recibí, pasar directamente al rock duro y escribirle cosas como “¿Te apetece tomar una copa?” (impresionante respuesta), “Me gustas”, “Te quiero”, “Sácate un pecho”, “Que ojos más bonitos”, “Fea”, “Vaya culo”, “Echar un polvo” (ésta es el mejor sin duda) y otras frases igualmente progresistas y consideradas. Tampoco hay que cortarse, al fin y al cabo es un programa…

Les recomiendo que hagan el experimento, la verdad es que es bastante curioso. Investigando un poco por mi cuenta descubrí que también responde a preguntas como “¿Quién te programó?”, la particular huella de sus creadores.

Relacionado | El test de Turing (con comentarios sobre un software similar a Anna, el Doctor Abuse)

Publicado en Humor, Inteligencia artificial, Internet | 5 Comentarios

Cada día más humanos

Cada vez se parecen más a nosotros. Desde azafatas electrónicas hasta juguetes de nueva generación tan realistas que resultan inquietantes, todos son productos de una obsesión creciente y un poco preocupante por que los robots sean cada vez más parecidos físicamente a las personas.

A un nivel básico, el que un autómata sea antropomorfo es bastante conveniente: utilizar nuestra propia constitución como modelo para los robots en lugar de cualquier otra hace que las máquinas sean más cercanas y más sencillas de comprender, utilizar y manipular, pues nos es más sencillo relacionarnos con algo que se parece a nosotros. Y es más fácil provocar la ilusión de que una máquina es inteligente si se parece a un humano. Somos así.

Sin embargo, existe una especie de ceguera con respecto a este parecido, y últimamente observo que los ingenieros están muy interesados en que los robots se parezcan absolutamente a los humanos: hay que imitar rasgos faciales, expresiones y movimientos… lo cual a muchos nos parece bastante absurdo.

Me pregunto por qué necesitamos que los robots se nos parezcan tanto, sobre todo cuando siguen sin ser tan potentes como cabría esperar: todavía no son capaces de resolver con eficiencia todas las labores domésticas, ni siquiera les hemos enseñado a hablar con corrección… ¿para qué queremos entonces que sean iguales a nosotros? Es empezar la casa por el tejado: disponemos de preciosos androides clavaditos a su ingeniero jefe que no son capaces de hacer nada. Dicho de otro modo ¿para qué queremos un coche precioso si no tiene motor?

¿Por qué no nos ocupamos primero de lo verdaderamente importante? ¿Por qué no nos esforzamos en obtener un robot que sea capaz de hacer algo y de hacerlo bien? Luego ya nos ocuparemos de que sea guapo. Supongo que el motivo es bastante sencillo… es mucho menos espectacular un Asimo que un Actroid… aunque sea bastante más útil.

¿Que qué he dicho? Les hablo de estas dos criaturas. Por un lado el Asimo, de Honda:

asimo.jpg

Y el Actroid:

actroid.jpg

A simple vista todos nos quedaríamos con éste :-P El hecho es que Asimo es capaz de correr, mover mesas y bandejas, y aunque Actroid habla cuatro idiomas no puede ni andar… (pero eso sí, responde algunas bromas…)

Robots como este último están bien para lo que valen: conseguir publicidad, una mención en los informativos y que algunos empresarios paguen 800 dólares diarios por tener una recepcionista (con ese salario, ya puede ser buena…). Sin embargo, quizás deberíamos dirigir nuestros esfuerzos a conseguir robots que sean capaces de ayudarnos o de hacer algo que nosotros no podamos. En este sentido iniciativas como Asimo van por el buen camino: construir máquinas que realicen trabajo “físico”, que es el más peligroso para nosotros y para el que un robot puede estar mejor preparado.

A veces camina un poco como Chiquito de la Calzada, pero resulta bastante convincente… A mí me gusta más que la azafata-que-no-puede-caminar, aunque supongo que es efecto del famoso “Valle Inexplicable”, consecuencia del hecho de que percibimos como extraños o amenazantes a los robots que se parecen mucho a nosotros…

Este gráfico (Wikipedia) relaciona la respuesta emocional de los humanos con el antropomorfismo de un robot. Además, lo explican francamente bien en este artículo.

valle.gif

Curioso, ¿no les parece?

Publicado en Inteligencia artificial | 9 Comentarios

¿Pueden pensar las máquinas?

ArmstrongSe trata sin duda de una cuestión bastante controvertida, con muchas implicaciones en la psicología y en la ingeniería (y me atrevería a decir que en la filosofía). A pesar de las apariencias, no resulta nada sencillo responder a esta pregunta: para empezar tendremos que ver qué entendemos por “máquina”, qué significado le damos al término “pensar” e incluso a qué nos referimos con “pueden”.

La explicación de por qué cuestionamos el significado de esta última palabra es un poco enrevesada, pero resulta que no es lo mismo preguntarnos si las máquinas actuales pueden o si las máquinas en general podrán llegar a pensar un día. De hecho, podemos asumir que las máquinas pueden pensar aunque no sepamos diseñar una que lo haga: la cuestión no es si somos capaces de construirlas o no: es si es posible construirlas.

La cuestión de si las máquinas pueden o no pensar nos coloca directamente ante la pregunta de si podemos o no comprender nuestra propia mente. Incluso si en un futuro fuéramos capaces de alcanzar el total conocimiento de la mente humana, tal vez no seríamos capaces de replicarla sobre un autómata.

Para entender bien esto podemos pensar en el Sistema Solar: su comprensión, por sí sola, no nos habilita para duplicar sus procesos a una escala menor. Por otro lado, como señalan algunos autores, es posible que la inteligencia humana, en términos absolutos, sea demasiado compleja o demasiado dependiente de nuestra propia condición como para poder aislarla. Esto nos llevaría a preguntarnos si es posible generar inteligencia humana de manera externa al ser humano, lo cual puede parecer incluso contradictorio…

El análisis de nuestra pregunta nos conduce inevitablemente a estudiar qué consideramos una máquina: en cierto sentido, podemos flexibilizar un poco la definición… De hecho, hace unos siglos no se conocían más máquinas que ciertos mecanismos sencillos (poleas, carros…), y hoy en día disponemos de computadores, que son máquinas de una complejidad enorme si las comparamos con aquellas: el concepto de máquina ha ido expandiéndose a la misma velocidad que el desarrollo de la humanidad.

El estudio de ciertas entidades, como los virus, nos permite aproximarnos a ellos como máquinas construidas con proteínas (perdón por las posibles herejías que cometa en las próximas líneas). Otro ejemplo podemos encontrarlo en la bacteria Haemophilus influenzae Rd, cuyo genoma fue secuenciado completamente hace unos ocho años, y consta de 1830137 pares de bases, lo cual equivale a 360000 de bits (o sea, ni medio megabyte).

Podemos pensar, y hay diversas investigaciones encaminadas a ello, en explicar el funcionamiento de este organismo como si se tratara de una máquina, mediante la aplicación de técnicas bastante similares a las que se usan en electrónica digital.

Una vez podemos considerar a una bacteria como una máquina muy compleja, podríamos incrementar este grado de complejidad hasta llegar a ver diversos animales como máquinas. Luego si podemos considerar que los humanos somos un tipo de máquina, querrá decir que las máquinas pueden pensar.

Un fallo importante de este último argumento consiste en la materia de la que están construidas las máquinas. Así, es posible que una máquina construida con Silicio no pueda pensar nunca, y una basada en el Carbono sí… La polémica en este punto está servida: mientras una corriente se apoya en la materia como base de la inteligencia, otra entiende que lo importante no es cómo esté construido el sistema, sino el tipo de operaciones que puede ejecutar.

En este sentido, A. Newell y H. Simon, propusieron una hipótesis según la cual cualquier sistema capaz de manipular datos simbólicos (básicamente, hacer operaciones matemáticas) dispone de los medios necesarios y suficientes para desarrollar una actividad inteligente; de esta manera no importa de qué esté fabricado el sistema, sino las actividades que puede llevar a cabo. Una última tendencia sostiene que lo importante no son los símbolos sino las señales, y que en ellas reside la capacidad real del sistema.

En la definición del término pensar es donde podemos encontrarnos con verdaderos problemas, que fueron precisamente los que Turing trató de evitar diseñando su test. Particularmente, opino que este test no es una aproximación muy fiable, y que si lo tomamos como referencia, podríamos encontrarnos con máquinas que puedan ser consideraras inteligentes mucho antes de los que pensamos. Y la cuestión no es que podamos decir que algo es inteligente, sino que ese algo lo sea de verdad…

Pero tengo que confesarles que a menudo me planteo una pregunta incómoda… ¿realmente necesitamos que las máquinas piensen? ¿por qué no empezamos a pensar los humanos?

Nota: Esta entrada está basada en Inteligencia Artificial: una nueva síntesis; de Nils J. Nilsson.

Publicado en Inteligencia artificial | 4 Comentarios

A vueltas con la información

Es complicado ponerse de acuerdo sobre una definición de lo que es la información, aunque utilizando una aproximación tecnológica podemos identificarla con un concepto que encapsula (o representa) el estado de un sistema. Desde un punto de vista práctico, hay que decir que no nos interesa la información en sí, sino la manera en que podamos compartirla.

cerebro-1.jpg

Los humanos nos transmitimos conocimientos o sensaciones de muchas maneras: podemos, por ejemplo, hacerlo a través de nuestro lenguaje corporal. Una mirada, una seña, una sonrisa… no responden a una formalidad informativa, sino a un conocimiento conceptual que compartimos, a un protocolo no escrito. Están basadas, por tanto, en habilidades de tipo cultural. Incluso podemos decir una cosa y que nuestro interlocutor entienda que en realidad pensamos lo contrario (intente ser sarcástico con su ordenador, a ver cómo le va…)

Sin embargo, otras muchas veces, escribimos ideas o pensamientos, siguiendo un esquema fonético, con lo cual estamos realizando una conversión de información a lo que llamaremos datos. Parece complicado digitalizar nuestro pensamiento como tal y enviárselo a otra persona electrónicamente, pero sí que es posible escribir ese pensamiento y digitalizar ese texto. Posiblemente gracias a esta facilidad para representar conceptos de una manera formal ha podido desarrollarse la humanidad. En el fondo, y aplicando una visión abstracta, representar la información de una manera convencional ha permitido un enriquecedor intercambio al posibilitar la transmisión de conocimiento.

Nótese que utilizamos dos términos diferentes para expresar realidades diferentes: una cosa es la información (el conocimiento en sí) y otra su representación: los datos. Para entender esto, podemos hacer una prueba: yo tengo veinte discos sobre la mesa, y es algo que sé: es la información. Ahora bien, puedo representarlo como datos, escribiendo “20”, “XX”, “10100”, o lo que desee. Insisto: información no son datos.

De esta sutil diferencia parte el abismo que nos separa de las máquinas. No se puede decir que los ordenadores sean estúpidos porque sería como decir que una batidora es antipática. Quienes menosprecien a los ordenadores por no ser inteligentes deberían intentar resolver en un segundo una operación como 129238237429 x 128223472… y entonces habría que replantearse quién es el inútil aquí.

Parece claro entonces que nos movemos en dominios distintos: los humanos podemos procesar la información como un conjunto, y los ordenadores sólo podrán manejarla si les es descompuesta en datos digitalizables. Simplificando a lo bestia, hay dos planos: humanos e información, ordenadores y datos. Para que estos dos planos puedan comunicarse es preciso establecer mecanismos capaces de convertir información en datos y viceversa. Los tenemos.

Escribo esto para poner de relieve el hecho de que los ordenadores necesitan hacer un tratamiento ordenado y sistemático de la información que les llega, para lo cual no vale todo: son necesarios unos formalismos que sirvan para ordenar los datos. Y de esos formalismos nos ocuparemos próximamente.

Publicado en Inteligencia artificial | 7 Comentarios

La cocinera te resuelve los sudokus

muerteaturing.jpgLo ví el pasado fin de semana anunciado en una revista femenina, y no pude sino arrancar la cubierta para conservar la prueba del delito. La ventaja es que como hoy en día todo el mundo tiene página web, podrán admirar el invento conmigo y maravillarse con semejante prodigio mientras yo ahorro un escaneado: La cocinera (que cocina por tí).

En sí el invento no es nada novedoso: se trata de uno de esos aparatos que cocinan solos y que se pueden programar a una hora. Pero lo mejor (y lo más divertido) es la publicidad. Uno pierde a veces la orientación y cree que está leyendo una web sobre ciencia ficción en vez de una de electrodomésticos…

Imagínese una máquina que HABLA, LEE y COCINA

¡Wow! Por si nos parecía poco que una máquina llegara a hablar y leer, ésta además cocina. Tiemblo de la emoción, albricias. Pero ojo, que la cosa sigue:

Tan sencilla de manejar que bastará que usted le enseñe a La Cocinera aquella receta que quiere que elabore para usted. La Cocinera leerá la receta y sabrá cómo cocinarla.

La Cocinera lo sabe todo. Adoremos a La Cocinera. O sea, según dice su publicidad, si yo garabateo una receta a lapiz en un papel y la sitúo frente a La Cocinera (sólo escribir su nombre hace que me estremezca de emoción), el inteligente aparato será capaz de entenderla, interpretarla y cocinarla como dice.

¿Qué hará La Cocinera si en la receta hay términos como “cocer hasta que esté dorado”, o “añadir una pizca de sal”? ¿Sabrá salvar estas ambigüedades? Seguro que sí: no hay misterio que se le escape al insuperable motor de Inteligencia Artificial de La Cocinera.

Como ya habrán supuesto, la cosa tiene truco. Un servidor no ha llamado para informarse, pero en el anuncio impreso se ve una página del recetario con un hermoso código de barras en todo lo alto. De ahí que sea capaz de leer: sólo toma el código y busca el programa adecuado. Aunque me parece un poco engañoso… yo a eso no sé si lo definiría como “leer”.

Con esta explicación yo me quedo más tranquilo… me preguntaba cómo sería capaz el aparato de saber leer. Los electrodomésticos no pueden ejecutar actividades que se salgan de nuestro adorado límite computacional, y me imagino que leer, interpretar e inferir una secuencia de acciones a partir de lo comprendido es algo demasiado humano como para que lo haga La Cocinera.

Pero eso no es todo, además habla:

Si lo prefiere, una voz le guía en todos los pasos posibles, advirtiéndole si se equivoca e informándole de cada selección que usted hace, incluso le dice, de viva voz, el tiempo que resta hasta que la receta haya concluido. No se trata de un número de mensajes pregrabados sino que es apta incluso para ciegos totales.

Ah, ¿no son mensajes pregrabados? Entonces habla de verdad… lee, aprende, interpreta y habla. Y ojo, habla de viva voz. Cuidado con La Cocinera, oye. Supongo entonces que con el entrenamiento adecuado, aprendería a contar chistes, resolver problemas no computables y en el tiempo que le sobre, a calcular decimales de Pi o, por qué no, a hacer sudokus. Todo ello mientras “trabajo, descanso o me divierto”.

Aunque lo mejor de todo es el precio. A partir de 522 € de nada ya tienes tu cocinera. Aunque no es caro, ni mucho menos, sobre todo por un aparato capaz de hacer semejantes maravillas y de rebasar los límites de la computación como quien baja a comprar el pan. De hecho, se rumorea que la Nasa sustituirá pronto sus equipos por cinco Cocineras trabajando en paralelo, con las que esperan poder obtener una manera de viajar en el tiempo a través de los famosos agujeros de gusano.

Si en efecto me equivoco en una de mis apreciaciones y el invento lee de verdad, habla de verdad y cocina lo que yo quiera, me retractaré tanto que me daré la vuelta.

Publicado en Humor, Inteligencia artificial | 7 Comentarios

Una mente inmortal

Esta temporada, desde el magnífico programa Redes (La 2, los martes a la 1:30) nos proponían, por medio de su sección titulada “La cuestión”, que imagináramos cómo serán los ritos funerarios en el futuro, en el contexto de una cultura regida por la ciencia.

neural0.jpg

Hace unos días leía en el foro de Smart Planet la respuesta ganadora, enviada por Luis Congil, y que viene a proponer algo, que aún siendo ciencia-ficción me parece perfectamente posible, y de hecho, creo que lo será salvo que nos matemos unos a otros (eso me parece más probable, por desgracia…)

Luis Congil imaginó un futuro donde toda la información del cerebro podía ser informáticamente registrada y compartida en la red “Interbrain”, permitiendo a las personas perpetuar su conciencia tras la muerte. El texto ganador puede leerse aquí. Les recomiendo que no se lo pierdan por nada del mundo.

La idea de Interbrain me parece absolutamente fascinante… ¿se imaginan las implicaciones que tendría? Sin duda me parece mucho más interesante investigar este aspecto que el de el retraso del envejecimiento físico… personalmente, creo que no me importaría tanto morir si pudiera seguir viviendo a un nivel intelectual. Por otro lado, pienso que librarse del cuerpo podía ser una enorme liberación y, al mismo tiempo, una terrible condena.

En cualquier caso, me temo que nos lo vamos a perder. Siempre llego tarde a todo :-P

Publicado en Inteligencia artificial | 5 Comentarios

Gracias por su cooperación

Es la frase que salía de boca de mi ídolo de la infancia, RoboCop, cuando arrestaba a un delincuente, ya fuera con cooperación o sin ella… La primera entrega de lo que luego fue una olvidable saga me encanta por varios motivos. En particular, creo que da una esperanzadora aplicación a la robótica, y presenta un drama humano muy interesante, con muchas connotaciones filosóficas. Supongo que cuando era pequeño todas estas consideraciones no me importaban en absoluto… pero se trata de un personaje que me divertía y me emocionaba a partes iguales…

gracias.jpg

Hoy tengo que decirles a mis lectores “gracias por su cooperación”. El post anterior retándoles a realizar un diagnóstico sobre un problema intrigante ha desbordado mis espectativas por la respuesta masiva y el enorme nivel de conocimientos que se aprecia en los comentarios. Ya puedo revelar que mi diagnóstico básico es el de un fallo en la controladora del USB, y la reparación requerida, sustituir la placa base.

No obstante, muchos lectores aportaron ideas muy interesantes sobre el problema, así que en cuanto tenga un poco de tiempo libre, revisaré el equipo a fondo para completar mi hipótesis sobre el tema. Y les mantendré informados.

Por cierto, que RoboCop tenía grabadas en su circuitería cuatro directrices, que eran:

  1. Servir a la confianza pública
  2. Proteger al inocente
  3. Defender la ley
  4. Clasificada

La cuarta directiva, de la que en principio Robocop no era consciente, le impedía detener a cualquier miembro de la OCP (la organización que en la película controla la policía de Detroit), y quedaba paralizado si lo intentaba. Eso de las directivas está relacionado con las tres leyes de la robótica enunciadas por Asimov, que son:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
  2. Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.

Hay que decir que esto es ciencia ficción y hay que tomárselo como lo que es. Isaac Asimov escribió historias fantásticas sobre robots que sienten y que razonan, pero lo cierto es que estos procesos nos quedan aun demasiado lejos: Estudiemos primero si las redes neuronales nos pueden ayudar a romper el límite computacional. Apuesto a que sí. Una vez hayamos conseguido esto, veamos dónde está el nuevo límite. Comprendamos entonces el funcionamiento de la mente y diseñemos un modelo de la misma.

Creo que moriré sin haber visto a un RoboCop de verdad…

Publicado en Informática teórica, Inteligencia artificial, Segmentation Fault | 5 Comentarios

Licencia

Nosololinux se distribuye bajo licencia Creative Commons

Creative Commons License