Cometer errores es humano, pero…

… para estropear realmente las cosas necesitas un ordenador

Paul Ehrlich

Esta es una de esas historias que hacen que me plantee si el mundo está definitivamente desquiciado o soy yo el raro. Empezando por el principio, tengo la intención de viajar a Barcelona unos días, aprovechando las vacaciones de Semana Santa. Como ahora vivo en Salamanca, hay un tren diario que une las dos ciudades a un precio asequible, aunque tarda nada menos que 11 horas.

Desde hace años esta venía siendo mi única forma de moverme entre las dos ciudades, aunque últimamente –sí, me hago viejo– había empezado a viajar haciendo escala en Madrid, lo que podía acortar el viaje hasta dejarlo en unas 6 horas. Llegaba a la capital en autobús y desde allí el tren Alvia tardaba un poco menos de 4 horas en dejarme en el centro de Barcelona, a un precio bastante decente.

Hasta aquí todo normal. Como seguramente sabréis, hace unas semanas se inauguró el tren de alta velocidad entre Madrid y Barcelona. Parece una buena noticia, una vez olvidados los graves trastornos que las prisas por terminar las obras antes de las elecciones causaron en la vida de miles de personas. Digo que parece, porque Renfe ha suprimido el resto de trenes entre estas dos ciudades, salvo el servicio nocturno. Ahora sólo se puede viajar en AVE. Con un par.

No entiendo muy bien las razones de esta decisión. Supongo que Renfe conseguirá su objetivo de hacer la competencia al puente aéreo, aunque me temo que será a costa de hacer inaccesible este trayecto en tren a las personas con menos recursos, que casi seguro se verán obligados a viajar en autobús. O en coche. Ya había un medio de transporte a un precio razonable que unía Madrid y Barcelona en apenas 4 horas… ¿por qué borrarlo del mapa? No todos necesitamos hacer el trayecto en un par de horas.

Pero en fin. El hecho es que este panorama supone en la práctica que me tendré que olvidar de mi ya habitual escala relámpago en Madrid y volver al interminable y habitual viaje en tren. O bueno, puedo seguir haciéndolo, pero prefiero ahorrarme ese dinero y utilizarlo en pagar el hotel o lo que sea.

El hombre contra la máquina

Hace unos días me dispuse, en efecto, a dejar comprados los billetes de mis vacaciones, y pensé que podría viajar en litera en un tren nocturno que une Salamanca y Barcelona los fines de semana. El viaje suele hacerse más liviano –siempre que no lo compartas con algún cerdo pestilente– y desde luego es más barato.

Así que tras un rato largo utilizando la nueva e insufrible web de Renfe –de la que ya había leído maravillas– consigo hacerme con un billete por 35 €, pillando por los pelos la dichosa tarifa “estrella”. Pero algo me para en seco cuando veo el PDF que me envían. Tengo una plaza sentado en preferente y yo quería viajar en litera. Sin embargo no recuerdo haber elegido asiento en la web. Vuelvo a comprobarlo y en efecto: no es posible elegir camas. Pero no te informan de ello por ningún sitio.

Con esa cara de imbécil que se me queda a veces llamo a atención al cliente para contarles lo que me ha sucedido. Entonces me replican que la web de venta de billetes todavía no permite comprar plazas en camas y que lo que tengo que hacer es cancelar el billete (por lo que me deducirán el 30% del importe) y comprar uno en la estación. Pienso que me explicado mal y le repito que lo que yo quiero es cambiarme de plaza en el mismo tren, y como mucho eso llevaría asociado un recargo del 15% (que tampoco estoy dispuesto a pagar, porque la web no informa de esto por ningún lado). Se me ocurre que puedo ir a la estación y cambiar mi billete, como se hacía de antes. Pero no. Un billete comprado por Internet sólo puede cambiarse por Internet, y por Internet no puede comprarse litera. Así que ahí te quedas con tu plaza sentado, chaval.

Al final me resigno. En el teléfono de atención al cliente de Renfe no pueden hacer nada porque sólo se dedican a información de horarios y reservas. Si quieres cagarte en sus muertos tienes que ir a la estación, (pero eso sí, para comprar te vale cualquier vía).

Me planto en la estación y le explico mi caso a la empleada, que me da la razón, al igual que el responsable de la oficina. Ambos –impecables, por cierto– me sugieren que presente una reclamación allí y otra por Internet y que exija la devolución íntegra del billete. Así que dejo mi queja por escrito y me vuelvo a casa, después de haber comprado un billete en litera en taquilla. Malditos.

No tengo esperanzas de lograr que me devuelvan el 100% de mi billete, pero aun así decido formular otra queja por Internet, cuya respuesta, una semana después, sigo esperando. Incluso asumiendo que fue culpa mía haber comprado el billete en asiento sin asegurarme debidamente, no hay una sola indicación al respecto en la web. He adquirido un título de transporte con Renfe y la compañía es la misma en todos los casos, por Internet y en el Mundo Real™, por lo que no entiendo por qué no puedo cambiar simplemente mi billete en la estación. Interoperabilidad de la buena.

En fin, no le veo la lógica por ningún lado. Estos inventos modernos…

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De exámenes, alcohol y despropósitos

Fue en julio de 2006 cuando abandoné la facultad después de haber realizado el último examen de la carrera. Por delante me esperaba un año algo incierto para trabajar y terminar mi proyecto. Y a eso me dediqué.

Ahora, año y medio más tarde, he vuelto a enfrentarme al fantasma del examen, esta vez estudiando la ingeniería superior en informática. Creo, en fin, que ya no soy el mismo… las neuronas no me funcionan, definitivamente, igual que hace unos años. Y además trabajo. No… estudiar ya no es lo mío.

Este martes hice el último examen de la convocatoria, y después de unos cuantos años estudiando todavía sigo asombrándome. Cosas veredes, Sancho. En efecto.

El caso es que al entrar al aula nos ordenaron dejar aparte las mochilas, teléfonos… y las calculadoras, que en principio -eso nos aseguraron- no hacían falta. El examen comenzó con algunas preguntas sobre teoría, con las correspondientes advertencias sobre la necesidad de limitarse al espacio en blanco de cada pregunta (debe de haber pocas ganas de corregir) y ese tipo de cosas, mientras yo me preguntaba si se valoraría más mi conocimiento de la asignatura o mi habilidad para expresarlo en cinco líneas.

Con la parte práctica las cosas comenzaron a ponerse (más) complicadas… en mi caso, llevaba media hora de examen y me dí cuenta de que había entendido mal el enunciado de la primera cuestión, si bien éste podía haber sido más claro.

El tiempo era muy limitado y seguía corriendo. Los profesores se encontraban en la mesa frente a mí, utilizando el ordenador y hablando en voz alta. Risotadas. Podía oler el pestazo a alcohol de uno de ellos -el que más se reía, qué cosas- desde tres metros de distancia. Las 19:30, hora de entregar, llegaron rápidamente, y apenas había hecho un cuarto del examen. Dos o tres personas entregaron entonces su ejercicio.

Al cabo de un rato, ya que nadie parecía dispuesto a irse, la profesora anunció que nos dejarían un rato más… la mayoría no habíamos alcanzado ni la mitad del examen. Eso sí, para favorecer nuestra concentración, los profesores que vigilaban el examen siguieron hablando.

En aquella situación, elijo las preguntas en las que puedo sacar algo. Más dudas en el enunciado. Levanto la mano para preguntar y la responsable no se encuentra en la sala -se supone que había ganas de fumar-. Al cabo de un rato largo puedo preguntar algunas ambigüedades y continuar.

Prosigo con mi examen mientras quienes en teoría nos vigilan vuelven a hablar. Escucho cómo se abre una lata. Vuelvo a levantar la mano para preguntar, pero no viene nadie y me levanto. Los tres profesores están hablando y bebiendo cerveza en la última fila.

La hora se acercaba y la responsable tuvo a bien bromear sobre el hecho de que era carnaval y deberíamos entregarlo e irnos a tomar algo. Ellos ya habían empezado, por si acaso, y nos tomaban la delantera. Una lata de cerveza cayó y empezó a rodar por el suelo. La profesora decidió abrir otra y carraspeó de una forma nada discreta para que no se escuchara el chasquido. Debía de andar ya lenta de reflejos, porque no lo consiguió.

Sólo, cansado y deprimido en aquel aula, preguntándome si aquello podía ser real o era un sueño absurdo, me empecé a plantear que lo que de verdad quería era entregar esa basura y salir de allí. En varios momentos estuve a punto de levantarme. Finalmente conseguí obligarme a terminar el último ejercicio. Llevaba ya un rato haciendo cuentas en un papel con las pocas neuronas que habían sobrevivido a pleno rendimiento, cuando observo que delante de mí, alguien que me cae bastante mal está utilizando una calculadora. Me planteo si vale la pena decírselo a los responsables, demasiado ocupados bebiendo como para darse cuenta, pero no soy tan retorcido. Me pregunto cómo he sido tan estúpido como para dejar la calculadora tan lejos. Nadie más la está utilizando. Al final me callo e intento que se me quite la cara de gilipollas. Imposible.

Acabo el ejercicio. Miro el examen y pienso que será muy difícil aprobar. Lo entrego de los últimos y me marcho, una hora y media después de lo previsto. Muchos no esperaron y lo entregaron en su momento, quizá abandonando la esperanza de acabar el examen en el tiempo dado.

Mientras me tomo una copa minutos después, pienso que toda la culpa es mía. Mal diagnóstico, mala preparación, mal examen. Me prometo que no volverá a pasar y tomo nota de los fallos, tal y como hice durante años al final de cada partida de ajedrez. Se aprende más de los errores que de los aciertos. Sigo bebiendo mientras pienso que al fin y al cabo, a veces la felicidad es tan barata como una copa y las risas cómplices de los amigos.

Aunque no en horas de trabajo.

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Diezmo

Creo que no lo he comentado todavía por aquí, pero llevo unos meses trabajando como autónomo en programación de aplicaciones y páginas web. Con tanto trabajo y con la ingeniería superior en marcha, apenas tengo tiempo para escribir, lo cual me entristece un poco, pero de momento es lo que hay… sin embargo, creo que el sacrificio acabará valiendo la pena.

El caso es que hasta ahora nunca me había visto obligado a pedir facturas de todos mis gastos. Y hasta ahora, nunca me había dado cuenta de que la cantidad de dinero que se lleva la SGAE de nuestros bolsillos no es nada despreciable.

Esta mañana compré 25 CD grabables y otros tantos DVD, y por primera vez he visto el canon convenientemente desglosado en una factura. Y os aseguro que a esta hora todavía no se me ha quitado la cara de gilipollas. Por la tarrina de CD, he regalado a la SGAE 5,25 €, y por la de DVD, la friolera de 15,00 € (sin IVA). En total, algo más de 20€, es decir, que he pagado más en concepto de canon que por los discos en sí. Ambos conceptos forman parte del precio, son impuestos indirectos, por lo que ni siquiera puedo deducirlos de mi declaración.

En general, no llevo mal lo de pagar la Seguridad Social para que los viejecitos de mi barrio puedan ir al médico a pasar la mañana. Que hacienda vaya a llevarse su tanto por ciento a final de año es algo que asumí cuando decidí hacer las cosas bien y por lo legal. Como soy joven y todavía no ando muy desengañado, me creo que con eso contribuyo a algo. Por lo menos a que algún ministro cambie de traje. Pero pagarle las cañas a Teddy Corleone y sus secuaces es otra cosa…

Y es que hasta hoy el canon sólo me molestaba, digamos, en el plano ideológico. Pero supongo que me he dado de bruces contra el mundo real. De todo lo que todavía no he ganado este mes, la SGAE me ha soplado ya 25 €. Y no estoy dispuesto a consertirlo. Ni de coña.

De modo que he decidido responder al fuego con fuego, y ya he decidido cómo voy a vengarme. Por lo pronto empezaré a enterarme de cómo puedo reclamar legalmente esos 25 €, ya que no copiaré música en esos discos. La segunda parte de mi plan es más ambiciosa. A partir de ahora, si un cliente pertenece a la SGAE, añadiré un recargo a su trabajo como compensación por el impuesto que su organización me cobra (¿no sería genial que todos hiciéramos lo mismo?).

Al próximo que quiera una página para promocionar su disco le trinco los 20 € de hoy por mis cojones. Quien a hierro mata, a hierro muere.

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Pero qué triste

Justo me acabo de enterar gracias a Trebol-A de que existe una página en la que puedes dejar tu número de teléfono para que te informen por SMS de los resultados de las elecciones.

El caso es que relleno el formulario, presiono enviar y me aparece la ventana de “nuevo correo” de Mail, algo así:

Enviar por correo

Esto significa que el formulario no se envía ni se guarda en una base de datos, sino que se transfiere por correo electrónico a algo que los procesa. Ese algo podría ser un operador humano becario o un programa, no sé qué prefiero, la verdad. ¿No es más fácil hacer que la página grabe los datos utilizando un script de servidor de toda la vida?

Supongo que en las configuraciones normales de navegadores no aparece ni siquiera la ventana del correo, por lo que el proceso pasa inadvertido al usuario. El formulario se envía a elecs@indra.es, además, que tiene más cachondeo. ¿Qué pinta una empresa privada en todo esto? ¿Qué pasa con la privacidad? ¿No pueden usar esos datos para relacionar teléfonos con localizaciones y con direcciones de correo?

Bueno, se me ocurren muchas cosas divertidas que se pueden hacer con esto, para hacer que este largo domingo sea más entretenido:

  • Vulnerar la protección de esa cuenta de correo y robar miles de datos privados. Recordemos que la información no se almacena en un servidor protegido, sino en una mierda de cuenta de correo, que siempre será más vulnerable.
  • Hacer un programa que introduzca números al azar hasta el sistema diga basta.
  • Descargar una aplicación para hacer spam y freírles vivos a correos falsos.
  • Poner los números de teléfono de mis enemigos.
  • Enviar un correo con números de provincia incorrectos, a ver si está previsto o por el contrario revienta.
  • Enviar un correo sin el formato establecido, con caracteres extraños o enlaces.

Y seguro que existen muchas más posibilidades interesantes para explotar este fallo demencial (se admiten sugerencias).

Curiosamente, todos estos problemas se solucionarían haciendo que hubiera que enviar un mensaje desde el móvil indicando la provincia, o el código postal o lo que sea, como cuando te bajas el típico y apestoso politono. Y adiós a los problemas.

En fin. Cuando hice mi primera web, hace unos diez años, creo que hice así el formulario de contacto… pero esto es lo más triste que he visto recientemente. Joder, que estamos en 2007, y este sistema quedó obsoleto hace muuuuucho tiempo…

¿En esto se gastan nuestro dinero? ¿Y qué pasa con Indra? Yo pensaba que eran una empresa seria y competente, y nos salen con esto… Le entrego yo semejante basura a un cliente y me prende fuego al contrato. Dichosos aquellos que trabajan para la administración.

Actualización: He encontrado una referencia interesante donde también se despachan a gusto con el tema.

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Oremos

Mi Señor Monstruo de Espagueti Volador,

Haz que tu apéndice tallarinesco toque mi frente e ilumine mi entendimiento, y así pueda vislumbrar qué diablos tienen dentro las tarjetas microSD de 2GB para que cuesten 30 €.

RAmén.

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Que no panda el cúnico (nunca mejor dicho…)

Todo empezó una noche de primavera. Estaba yo solo en casa, con un portátil encima de la mesa con el Norton Antivirus caducado y por tanto en peligro que reclamaba mis cuidados. Me decidí salir por un momento de mi universo Mac y ponerme a pensar cómo iba a manejar aquella situación: el ordenador necesitaba urgentemente un antivirus actualizado.

20040907panda.jpg

Tras buscar entre tarrinas, fundas y más fundas de cedeses, constaté lo inevitable: no tenía ni una sola copia actualizada de ningún antivirus. Vaya situación. En ese momento me acordé de un Panda Antivirus original que tenía guardado en algún lugar… para tranquilizarles, diré que me lo habían regalado en un curso sobre seguridad informática (gran paradoja…). Lo observé con desconfianza: había tenido problemas con el viejo Panda Platinum hacía unos años… Comencé a leer la información de la caja: “máxima protección”, “impide el acceso de hackers”, “lo instalas y te olvidas” (esto último resultó ser cierto, bellacos).

Con tanta frase, tanta característica interesante y tantos logotipos de “mejor producto del año”, pensé que tal vez no sería tan malo como las anteriores versiones… vamos, que lo mismo se habían reformado. Los requisitos mínimos me animaron: Pentium 150 Mhz. Pensé que el Centrino podría de sobra con él, así que decidí instalarlo…

Que el autoarranque se bloqueara no fue un buen augurio, pero decidí continuar… finalmente, y tras una espera eterna, logré instalarlo, validando más tarde mi flamante licencia mediante un proceso bastante poco intuitivo… Pero ya tenía mi ordenador protegido. O eso pensaba.

El primer reinicio fue inusualmente lento. Pero era el primero, así que no le di importancia. Cinco minutos clavados tardó en iniciarse el Windows XP, cuando antes arrancaba en un par de minutos. No pasa nada. Cuando por fin pude abrir el panel de control del antivirus me encontré con una interfaz de las que odio: un montón de dibujos y de parafernalia tan bonita como lenta. Acceder a cada menú era una nueva aventura. Intenté tranquilizarme y tomar aire. Configuré las opciones como más me gustó, y empecé a descargar las actualizaciones.

En todo ese tiempo no logré utilizar el ordenador (256 de RAM, 1 GHz) para nada que no fuera el #@$ Panda. Al fin, la actualización terminó de bajarse. En ese momento, el antivirus me informa de que ha ocurrido un error y que debo reiniciar mi máquina. Ese detalle me indignó hasta los topes… ¿cómo puede un antivirus exigirme el reinicio del equipo por un error interno? ¿y si no puedo reiniciarlo? ¿así me protege el nuevo Panta Antivirus + Antispyware Titanium 2006?

Me resistí, pero al final tuve que claudicar. Reseteé el ordenador con cara de pocos amigos. Esta vez tardé 7 minutos en poder usar el ratón. Me estaba poniendo de color verde. La barra de tareas de Windows aparecía a la mitad, nunca había visto nada parecido. Sin duda el programa más lento y pesado que he visto en la vida. Un virus habría perjudicado menos el rendimiento de la máquina.

Así que, chiscándome en los muertos del tal panda, me dispuse a desinstalarlo. Error. Lo intenté de nuevo. Nada… En esa situación, la información del disco comenzaba a estar en cierto peligro… Por fortuna, pronto sería fulminado por las tropas imperiales :-P. Reinicié en modo “a prueba de fallos” como administrador. Tampoco podía. Borré los archivos por las bravas, limpié el registro. Reinicié el portátil, que tardo poco más de un minuto en arrancar, libre de sus cadenas de bambú.

Y así terminó mi breve e intenso coqueteo primaveral con Panda. Estoy pensando, según voy escribiendo esto, en instalarlo en mi Pentium I a ver si de verdad funciona, tal y como promete la publicidad… es intrigante… igual es tan lento que acaba tirando más rápido… creo que voy a probarlo :-P

He aprendido muchas cosas de esta aventura. La más importante es que Panda Software no ha sido todavía capaz de desarrollar algo decente, y que posiblemente no lo hará. También me he planteado delicadas preguntas sobre los criterios que siguen las empresas para dar sus certificaciones. Por desgracia, todas mis conclusiones están llenas de palabras malsonantes e improperios diversos, así que me voy a morder la lengua antes de decir que me encantaría ver la cabeza de ese maldito panda separada del resto de su cuerpo.

Pero la publicidad no engañaba: “lo instalas y te olvidas”. De volver a usar tu ordenador, se entiende.

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Tirarse el rollo

rollo.jpgHay que ver cómo nos gusta en este país hacernos los modernos. Se lo digo porque recientemente se ha inaugurado en mi facultad una red inalámbrica para que todos podamos conectarnos con el portátil a gusto.

En el portal de los servicios informáticos se informaba puntualmente y se proporcionaban algunos detalles ténicos. El caso es que hoy leí la noticia en la web del gabinete de comunicación (que mira que es horrible), y no puedo resistirme a compartirla con ustedes. Empieza diciendo:

[la Universidad] ha puesto en marcha un ambicioso proyecto de incorporación de las nuevas tecnologías al proceso de aprendizaje universitario denominado “Wifi Lan”

Bueno, bueno, que es una red, en sí misma no sirve para mucho… si seguimos leyendo vemos:

Como complemento a la solución de acceso inalámbrico, basada en el fabricante Cisco Systems, se ha diseñado una robusta solución de seguridad perimetral, que proporciona a los usuarios de esta red un acceso seguro a las aplicaciones universitarias.

Ayer mismo, Dante me preguntaba bromeando si te van a pedir el carnet universitario en la calle para asegurarse de que no accedas sin permiso… ¡que envidia me dan los que viven cerquita de los edificios de la USAL! ¡Wifi gratis de por vida! :-P

El proyecto beneficia por un lado al profesorado que dispone de un nuevo concepto de enseñanza basado en la interactividad y, por otro lado, al alumnado que obtiene un acceso permanente a Internet y una herramienta que le permite recibir clases virtuales.

¿Clases virtuales? XDDD ¿pero esto quién lo ha escrito? Es lo más gracioso que he leído en mucho tiempo, claro, el Wifi va a traer la modernidad a nuestras aulas, ya me veo recibiendo clase de un cyborg vía wireless… “un nuevo concepto de enseñanza” anda venga, ya no cuela :-P

La red inalábrica nos traerá ventajas, como todo, y a mí me parece una buena idea. Pero no soporto la publicidad ridícula e hiperfuturista que hacen, sobre todo porque nos la prometieron para Enero y estamos en Mayo. Que no se engañen a sí mismos: es un avance, pero la tecnología en la USAL sigue llamando a la puerta: la web del servicio de publicaciones no se actualiza desde el 2000 (ver actualización). Esa es la verdadera universidad, y no la que nos quieren colar.

Actualización (Febrero de 2007): Informan en los comentarios de que la web del servicio de publicaciones ha sido remodelada por completo. En el artículo se hace referencia a que a fecha de Mayo de 2006, dicha web llevaba seis años sin actualizarse.

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¡Por Tutatis!

Estaba antes un poco aburrido y me había decidido a jugar un poco con mi móvil. Voy al menú y me aparece ésto (es publicidad de un nuevo juego):

News
Vencer los Vikingos y Rescatar Justforkix son los objetivos de Asterix. Podras ayudarlo?

Me he quedado de piedra. El título en inglés parece inevitable. La frase “vencer los Vikingos” no tiene mucho sentido en castellano, pero seré yo que estoy anticuado. Luego viene la perla “Rescatar Justforkix”, esa frase es correcta si se habla en Apache, estilo película del lejano Oeste. El podrás sin acento se daba por hecho. Una sóla interrogación también se veía venir.

A mí lo que más de duele de todo es lo de “Vencer a los Vikingos”. ¿No podían ser los Romanos o los piratas aquellos? Si los vikingos no eran tan malos, no hay más que leer Asterix y los Normandos… ¿y qué %&#? es eso de “Justforkix”? Asterix es francés, mezclarlo con ese horrible nombre anglosajón es una ofensa para todo friki de estos fantásticos cómics… por cierto, que vaya mierda de nombre, ¿a quién se le habrá ocurrido?

Perdonen mi amargura, pero es que éstas cosas le pueden a uno. A quienes se pregunten por qué ya no escribo sobre informática directamente, tengo que pedirles que sean pacientes, el regreso de mi “retiro espiritual” está siendo un poco violento y tardaré en volver a coger el ritmo… pero será pronto :-)

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Por mí puedes coger tu 5% y…

Es que le dan ganas a uno de bajarse del mundo en marcha. Es algo cotidiano, pero hasta ayer no reflexioné sobre ello con la calma suficiente. Andaba yo buscando el que considero el mejor libro sobre Java (”Piensa en Java”, de Bruce Eckel) de librería en librería… Ya no soporto hacer más fotocopias y como se trata de un manual bastante bueno, pensé que sería buena idea comprarlo.

Hacer que los libreros buscaran el ejemplar ya fue una aventura. De hecho, comprar un libro de informática siempre es una experiencia única, aunque la mejor fue cuando intenté comprar “El Proceso Unificado de desarrollo de software”… lo recuerdo porque terminé escribiendo el título en un papel y decía simplemente “quiero ésto”. Por cierto, que al final no lo compré. Pirata y estafador que es uno.

Me encontraba, como digo, en la librería. Tenía entre mis manos el ejemplar en cuestión. Unas novecientas páginas de diversión. Y cincuenta y seis euros. Tela. Pero tranquilo, me digo, pregunta al librero, seguro que hay descuento. Así que me acerco cruzando los dedos al mostrador, y pregunto con educación si lo de ser universitario se nota en el precio. Claro, responde el de gafas sonriendo, en plan generoso abuelete. Te hacemos el 5% por ser estudiante.

forges-rector.jpg

Un cálculo rápido me confirma lo peor. Mi mente trabaja (tampoco mucho, no crean) y arroja el resultado 56 x 0,05 = 3 mas o menos. O sea, 53 con el descuento, oh cielos. Entonces empecé a pensar qué narices significa ese descuento por ser estudiante… Así que allí estaba yo, de piedra, en la librería, pensando en qué iba a invertir los casi tres euros (¡uf!) que la Providencia me regalaba por ser estudiante. Pronto comprendí que en nada. Había otro manual que me interesaba. Setenta y cinco de los nuevos euros. Eso sí, con descuento.Claro, luego somos nosotros los niñatosmalcriados que fotocopiamos libros sin piedad, pasándonos por el forro los derechos de autor (y de los que no son autores de nada pero trincan de lo lindo). ¿Para qué quiero ahorrarme ni 3€ una vez que me estoy gastando 56€? Al fin y al cabo son libros, ¿no hay dinero para que podamos comprar bibliografía?

Al final me compré el libro de marras. Con el 5%. Eso son descuentos para la comunidad universitaria y lo demás es tocarse las narices… Tenía que escribirlo. Cinco. Por el…

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