¿De qué tienes miedo?
Precaución: este texto ha sido redactado en un momento de idealismo juvenil descontrolado :-P
Algunos conocidos y bastantes profesionales me han preguntado en alguna ocasión “Oye, ¿cómo puedo proteger un documento para que los demás puedan leerlo pero no copiarlo?”. Y la mayoría de las veces les contesto con otra pregunta: “¿De qué tienes miedo?”.
Evidentemente, no se trata de una respuesta definitiva, aunque es un arma perfecta para despertar la curiosidad en el interlocutor, ya sea un consultor quiere presentar los resultados de un estudio, un artista quiere mostrar su obra o un programador quiere lanzar su programa. Todos presentan un rasgo común: quieren difundir su creación pero no quieren que nadie les copie. Tienen miedo del plagio, de la piratería o del simple uso indebido.
Sin embargo, opino que debemos abordar esto de una manera más positiva de lo que lo hemos hecho hasta ahora: olvidemos ese proteccionismo absurdo. Muchas veces sentimos por nuestra obra un apego similar al que un padre siente por su hijo. Me parece una comparación bonita porque aunque el padre quiere proteger a su criatura, sabe que debe dejar que viva su propia vida.
Generalmente nadie copiará, sin citar la fuente, un estudio que publiques, y el que lo haga lo iba a hacer de todas formas, aunque lo protegieras y colocaras un aviso de copyright gigante en cada hoja. Si no puedo copiar ese párrafo de ese libro que explica algo tan bien, lo parafrasearé y lo haré mío, y no reconoceré su autor original, con lo cual se perderá la referencia. Si el autor me autoriza a citar y a modificar citando el origen, podré trabajar a gusto y posiblemente cite la fuente, con lo que su trabajo quedará reconocido.
A aquel consultor le preguntaría: “¿no prefieres que se divulgue tu estudio y que te citen como autor a que permanezca lleno de telarañas (pero protegido, eso sí) en tu página? Aunque no te importe en absoluto el conocimiento y sólo busques enriquecerte, ¿cómo ganarás más dinero? ¿siendo un perfecto desconocido que vende un estudio o siendo una celebridad que da conferencias?”
A aquel artista le preguntaría: “¿no te sentirás mejor si se difunde tu obra por todo el mundo? ¿no ganarás más dinero si te conoce mucha gente y van a tus conciertos? ¿cobrarás más por una pintura o por ser conocido y organizar una exposición?”
Y a aquel programador sólo le pediría que calculara cuánto dinero le ahorró Linux cuando era estudiante y cuánto cuando empezó a trabajar. Después, simplemente le diría: “devuélveselo”.
¿De qué tenemos miedo? ¿de no enriquecernos? ¿de no ser reconocidos? ¿de que el mundo entero se aproveche de nuestro esfuerzo? Liberémonos de todo eso.


En principio, todo este software libre se desarrolló gracias a la popularización progresiva de Linux, cuya difusión creó la necesidad de contar con sustitutos de los programas más populares que funcionaran en este sistema… hasta aquel momento, casi la totalidad de las aplicaciones que se desarrollaban estaban diseñadas en exclusiva para Windows, y a la comunidad linuxera no le quedó otra que ponerse manos a la obra y construir desde cero todas las aplicaciones que necesitaban.


