Drama
Si el mundo descubre la música, ¿qué pasará con King África?
Si el mundo descubre la música, ¿qué pasará con King África?
Hace relativamente poco tiempo que el debate sobre el canon ha llegado a los grandes medios y en consecuencia, a la calle. El problema que veo es que aunque la oposición al canon es prácticamente universal, hay un desconocimiento igual de amplio sobre nuestros derechos en este campo –quizás “gracias” a las campañas de “sensibilización” con las que los gobiernos nos educan para que renunciemos a nuestros derechos en favor del negocio de unos pocos–.
Así que creo que es un buen momento para comentar algunas ideas sobre el canon y sobre lo que podemos y no podemos hacer. Evidentemente, no soy un experto en derecho (y me dejaría matar antes de serlo), así que voy a limitarme a dar algunas pinceladas…
En España existe algo llamado el “derecho a la copia privada”. Este derecho nos habilita para copiar obras musicales sin restricciones, y no sólo como copia de seguridad, ojo. También podemos prestar o regalar estas copias a otros sin restricciones, siempre que no exista ánimo de lucro (Art. 270 del Código Penal). ¿Por qué el Estado permite esto? porque se entiende que la cultura es importante, y que es más importante el acceso a la misma que la justicia salarial para quienes la generan (esto debe de ser una moda hippie, porque sólo viene escrito en la Constitución…).
Recibir beneficio económico por esa copia, es decir, venderla. Sin embargo, las sociedades de gestión, como la SGAE, afirman que si copio un disco me ahorro el importe del mismo, por lo que lo hago con ánimo de lucro. Creo que todos somos capaces de apreciar la falacia, que en la práctica eliminaría por completo el derecho a la copia privada. ¿Por qué el legislador incluyó en la ley esa frase de “ánimo de lucro”? Lo que la ley prohíbe, fuera de interpretaciones sesgadas, es comerciar con esas copias, lo cual personalmente considero razonable. Esa es la verdadera piratería.
Así que, con independencia de lo que digan algunos, es legal copiar discos, llevarlos en el coche y regalarlos a los amigos si nos apetece. Y esto tampoco me lo invento, está respaldado por la ley y por resoluciones judiciales.
Por supuesto que es legal. En un momento dado la música se volvió digital, y empezó a contarse por bits y no por átomos. La industria discográfica sigue empeñada en vender átomos (los discos), cuando lo que nos interesa a nosotros son los bits (la música). Tratar la música como información y no como un objeto nos permite dejarle un disco a un amigo sin necesidad de que exista una copia física: nos vale con transmitírselo de alguna manera. Las redes P2P (la mula, vamos) permiten realizar este intercambio. Dicho intercambio no puede considerarse una difusión, y tampoco lleva asociado un ánimo de lucro, luego es legal descargar música a través de Internet a través de una red de este tipo.
El canon nació como un intento por compensar a los artistas por las posibles pérdidas que pueda acarrearles que ejerzamos el derecho a la copia privada.
Es importante remarcar que el canon sirve para compensar esta copia privada, y no para compensar la piratería. Por tanto es incorrecto decir que pagar el canon legitima para piratear. Eso es dar la razón a quienes quieren privarnos de ese derecho, que saben jugar muy bien a la desinformación cuando les beneficia.

El canon no es nada nuevo, se venía aplicando ya, por ejemplo, a las cintas. La cuestión es que hay que reconocer que un porcentaje muy elevado de las cintas que se vendían se usaban para copiar otras cintas o para grabar de la radio. Qué tiempos aquellos. Este canon no era tan injusto, aunque esto no quiere decir que fuera precisamente justo: durante mucho tiempo las entidades de gestión se beneficiaron de profesiones como el periodismo, que necesitaba hacer un uso intensivo de este material.
Pero vamos, que la mayoría de las veces las cintas se usaban para copiar música. Y este fue probablemente el inicio de la carrera de muchos artistas. Algunos de los cuales se permiten hoy hablarnos de justicia social y de cultura.
Cuando surgió el disco compacto es cuando todo se salió totalmente de madre. Porque si bien una cinta de casete se usaba casi siempre para almacenar audio, un disco es un soporte informático que tiene muchos posibles usos. Quiero decir que cuando mis padres iban de viaje hace años no guardaban sus fotos en una cinta, pero ahora sí que las guardan en un CD. En esta diversidad es donde la injusticia se hace más evidente, hasta el punto de haber convertido al canon en un impuesto totalmente arbitrario e injusto, además de desproporcionado.
No tiene sentido suponer que todo quien compra un CD va a utilizarlo para copiar un disco, como es absurdo pensar que alguien que compra un móvil multimedia va a utilizarlo para escuchar música.
Ahora nada. Es deber de nuestros políticos recordar que los intereses de una industria con un modelo de negocio en crisis no son más importantes que los de todos los ciudadanos. Que la firma de cuatro culturetas en horas bajas no vale más que la de cientos de miles de contribuyentes. Que la cultura es un derecho, y no un privilegio. Que la sociedad de la información no se impulsa gravándola con impuestos. Que estamos inmersos en una nueva sociedad que será gracias a ellos o pesar de ellos, pero que será de todos modos.
Y es responsabilidad nuestra conocer nuestros derechos y exigir a nuestros políticos que los defiendan. Esta entrada quiere contribuir a ello: hasta ahora sólo me había centrado en criticar el canon (creo que mi opinión al respecto está más que clara), pero creo que siempre está bien ir más allá.
Creo que no lo he comentado todavía por aquí, pero llevo unos meses trabajando como autónomo en programación de aplicaciones y páginas web. Con tanto trabajo y con la ingeniería superior en marcha, apenas tengo tiempo para escribir, lo cual me entristece un poco, pero de momento es lo que hay… sin embargo, creo que el sacrificio acabará valiendo la pena.
El caso es que hasta ahora nunca me había visto obligado a pedir facturas de todos mis gastos. Y hasta ahora, nunca me había dado cuenta de que la cantidad de dinero que se lleva la SGAE de nuestros bolsillos no es nada despreciable.
Esta mañana compré 25 CD grabables y otros tantos DVD, y por primera vez he visto el canon convenientemente desglosado en una factura. Y os aseguro que a esta hora todavía no se me ha quitado la cara de gilipollas. Por la tarrina de CD, he regalado a la SGAE 5,25 €, y por la de DVD, la friolera de 15,00 € (sin IVA). En total, algo más de 20€, es decir, que he pagado más en concepto de canon que por los discos en sí. Ambos conceptos forman parte del precio, son impuestos indirectos, por lo que ni siquiera puedo deducirlos de mi declaración.
En general, no llevo mal lo de pagar la Seguridad Social para que los viejecitos de mi barrio puedan ir al médico a pasar la mañana. Que hacienda vaya a llevarse su tanto por ciento a final de año es algo que asumí cuando decidí hacer las cosas bien y por lo legal. Como soy joven y todavía no ando muy desengañado, me creo que con eso contribuyo a algo. Por lo menos a que algún ministro cambie de traje. Pero pagarle las cañas a Teddy Corleone y sus secuaces es otra cosa…
Y es que hasta hoy el canon sólo me molestaba, digamos, en el plano ideológico. Pero supongo que me he dado de bruces contra el mundo real. De todo lo que todavía no he ganado este mes, la SGAE me ha soplado ya 25 €. Y no estoy dispuesto a consertirlo. Ni de coña.
De modo que he decidido responder al fuego con fuego, y ya he decidido cómo voy a vengarme. Por lo pronto empezaré a enterarme de cómo puedo reclamar legalmente esos 25 €, ya que no copiaré música en esos discos. La segunda parte de mi plan es más ambiciosa. A partir de ahora, si un cliente pertenece a la SGAE, añadiré un recargo a su trabajo como compensación por el impuesto que su organización me cobra (¿no sería genial que todos hiciéramos lo mismo?).
Al próximo que quiera una página para promocionar su disco le trinco los 20 € de hoy por mis cojones. Quien a hierro mata, a hierro muere.
Hace siete años que Arturo Pérez–Reverte escribió:
Porque uno cree que todo está ya dicho, escrito y reglamentado, y de pronto resulta que no; que ante cada nuevo desafío surgen en cualquier rincón espíritus libres que se pasan por el forro de los cojones los reglamentos y los copyrights y las estipulaciones de tres euros y letra pequeña. Corsarios resueltos a ir al abordaje de sus sueños. Y lo que es más importante: solidarios, dispuestos a compartir. A ir a la taberna de los Hermanos de la Costa, de los colegas, de los amigos cuyo nombre es sólo un alias en la red, y decirles: aquí está, aquí lo tengo. Aquí lo tenéis. Servíos, y que aproveche.
Cualquiera añade algo… Sólo puedo recomendaros a todos la lectura del artículo original.
Vía | Menéame
Del Diccionario de la RAE:
Lameculos
1. com. vulg. Persona aduladora y servil. U. t. c. adj.
En otro orden de cosas sin relación con lo anterior, Carmen Calvo Poyato, ejemplo de integridad moral, decencia, firmeza y gran talla política, ha abandonado hoy el puesto de Ministra de Cultura.
Emprendedora de campañas de gran importancia y calado social, como su audaz proyecto de vestirse en público con elementos de todos los diseñadores españoles de la A a la Z, destacó también por su defensa de la cultura como expresión popular, alejada de la influencia de entidades de gestión como SGAE, a quienes plantó cara representando con singular eficacia los sentimientos del pueblo que la sustenta.
Como consecuencia de ello, la relación de Calvo Poyato con Teddy Bautista fue tradicionalmente complicada y estuvo presidida por una enorme tensión mutua. La ministra incluso llegó a negarse a compartir la misma mesa con el capo de la SGAE (acepción 2 de capo), como muestra la siguiente imagen:

Tras su nombramiento, su frenética actividad en favor de nuestros derechos constitucionales convirtieron a Calvo Poyato en una de las políticas más queridas y respetadas por nosotros.
Todos los ciudadanos comprometidos con la cultura lamentamos su marcha. Y deseamos que César Antonio Molina, sustituto de tan insigne personaje, defienda igual de bien los intereses de la mayoría. Nuestro nuevo Ministro de Cultura es, además, todo un experto en nuevas tecnologías y goza de un amplio conocimiento de medios como Internet, como se desprende de su biografía.
Hasta mañana, corazones.
Creo que esta es la entrada que más he disfrutado de todas las que he escrito. Si quieres escuchar la canción, puede descargarse gratis de aquí, como todas las de Soziedad Alkohólika.
Quieren cortarnos la lengua
con la tijera de la intransigencia,
con la tijera de la necedad,
con la de la autoridad.Quieren callar nuestra voz
porque no pensamos como quieren ellos,
porque queremos ser diferentes,
queremos otra realidad.Quieren taparnos la boca
Para que nadie nos pueda escuchar,
para que solo se oiga su mensaje,
y nadie pueda dudar.Los que gestionan la percepción
solo les dan la palabra a sus amos,
sumisos a la mano que les paga,
a unos dan voz y a los otros los callan.
¡Mercenarios, mal nacidos!
A nadie engañáis, ya sois conocidos,
todos sabemos quien es vuestro dueño.Barato les sale usar a sus siervos
Para que echen mas leña al fuego,
para que quemen en la hoguera
a los infieles a su régimen.Quieren cortarnos la lengua
para que nadie nos pueda escuchar,
para que solo oiga su mensaje
y nadie pueda dudar.Tijera contra papel,
Piedra contra tijera…Soziedad Alkohólika – Piedra contra tijera
Actualización: Este artículo ha sido meneado. ¡Únete a la hermandad templaria y haz tu lo mismo!
Cada vez que voy al cine o veo una película tengo que soportar un anuncio, pagado con mis impuestos, que me criminaliza por ejercer mi derecho a la copia privada. Pero no denuncio.
La televisión cierra filas en torno a la mal llamada concienciación, que no pretende sino concienciarme de que soy un delincuente y de que voy a ir a la cárcel. La prensa informa sobre descargas ilegales que no son tales. Se equiparan faltas con delitos, para poder meternos a todos en la cárcel. Se nos calumnia y se nos injuria cada día. Y no denunciamos.
Las líneas de Internet de alta velocidad son caras y lentas en España. Ahora serán igual de lentas pero más caras. Todos nos rascaremos el bolsillo para compensar a unos pocos, pero no denunciamos.
Los discos grabables son más caros. (Yo no los uso para guardar las fotos de las vacaciones, como parece hacer media España), pero en la mayoría de ellos hay documentación y programas sobre los que yo ejerzo los derechos de propiedad intelectual. Otros los uso para copiar música que no distribuyo, lo cual es legal. Todos pagamos más, pero no denunciamos.
Las empresas dedicadas a la fabricación de CDs cierran o se ven en serios apuros económicos. Muchos trabajadores van al paro, pero no denuncian. Los costes por importar este material, tan necesario en el mundo de hoy, se disparan. Tampoco denunciamos.
La electrónica de consumo, reproductores de mp3, móviles, cámaras de fotos… es más y más cara para compensar a una industria que no sabe adaptarse a los nuevos tiempos. No pasa nada, todos a pagar. Nadie denuncia.
Sin embargo no puedo protestar en mi web ni decir lo que pienso porque puedo ser demandado y no quiero hacer frente a esto. En esta guerra en la que todos perdemos menos los abogados, habéis conseguido lo imposible uniéndonos a todos en vuestra contra.
De momento sólo denunciáis vosotros. Pero cuidado, no sea que aprendamos. Ya os jodería que os copiáramos también eso, ¿eh?
Preocupado me ando. El ojo de Sauron se ha fijado en Merodeando, el blog de Julio Alonso, CEO de Weblogs SL, por comentar en una entrada de hace años el famoso Google Bombing a la SGAE.

La Innombrable exige a Julio Alonso la retirada íntegra del post, amenazando con demandarle por difamación. Él mismo lo explica en su blog, en el que puede leerse íntegro el burofax que le ha sido remitido por parte de los servicios jurídicos de la SGAE. Una de las partes que más me ha llamado la atención en dicho burofax es la frase:
Entendemos que el contenido de dicho artículo resulta injuriante para el buen nombre de la SGAE.
A la que no pienso añadir comentario alguno. Julio Alonso ha puesto el caso en manos de sus abogados, y por el momento, no ha retirado el post, decisión que me permito aplaudir.
Personalmente, estoy preocupado porque yo mismo hace unos días comenté una nueva estrategia de bombing (que por cierto, parece que no ha dado sus frutos), y ahora temo que el ojo de Sauron se fije en mí mientras merodeo por las tierras de Mordor.
Al final, la Sociedad General de Autores y Editores lo ha logrado: les tengo miedo. A ellos, a su aparato jurídico, y a los jueces que dictan sentencias sin conocer la tecnología que condenan.
Pensé que jamás me sentiría así, caminando con cuidado esperando pasar desapercibido para el gran ojo de Sauron.
Actualización: Gracias a todo este revuelo, a la SGAE se le ha salido el tiro por la culata. La entrada de Merodeando titulada SGAE=ladrones ha subido del tercer puesto al primero al buscar ladrones en Google. Toda una jugada maestra xD.
Hay artículos muy interesantes a este respecto en Microsiervos y en el blog de Enrique Dans. Creo que me equivoqué y que no hay motivos para la inquietud.
Al fin y al cabo, somos más.
Microsoft ha publicado hoy que el 46% de los programas que se utilizan en los ordenadores españoles son piratas. Sin duda debe ser porque han mirado en todos y conocen el dato. Aunque bueno, igual sí que han mirado en todos, sabiendo lo que cuidan la confidencialidad de sus usuarios… muajaja.
Total que nos anuncian un plan contra la piratería, que consistirá en ofrecer a los piratas una licencia a cambio de la factura del equipo que vino con el Windows ilegal. Así que algunas empresas estarán temblando ante la que se les viene encima…
Bueno, como no quiero quedarme atrás, yo también he elaborado mi propio plan contra la piratería, para que vean que echo una mano y tal. El plan consiste en lo siguiente:
Plan Nosololinux contra la piratería
1. Instalar Linux.
Para facilitar su difusión puede descargarse una versión en PDF (16 KB) de tan importante documento.
La efectividad de dicho plan está contrastada por millones de usuarios y cada vez más empresas.
Buscando y buscando apareció entre las fotos de la familia aquella que había olvidado donde aparecen juntas cuatro generaciones de la familia a la que todavía siento que pertenezco.

Qué recuerdos… aunque Mac me mantenga alejado de ellos sé que terminaré volviendo…