De manifiestos, manifestantes y manifestaciones
Al final, y en buena parte gracias al lío que se montó, parece que el gobierno acabará por dar marcha atrás y retirará aquella disposición adicional maldita que permitía a una comisión ministerial cortar el acceso a sitios web si consideraban que violaban los derechos de autor. De todas formas, hasta que eso llegue no conviene bajar la guardia. Vale recordar que no se trata aquí de descargas sí o descargas no, sino de la posibilidad de que una comisión formada por políticos, representantes de los “autores” y demás familia, decida si se impide el acceso a sitios web. Hoy es rapidshare, mañana es este blog.
No sé cómo decir lo que quiero decir, pero me resultó algo sorprendente que muchas personas ignoraran o criticaran el manifiesto o la propia movilización. De hecho es curioso contemplar cómo individuos que no mueven un dedo para defender su derecho a la libertad de expresión, se apuntan a toda velocidad al grupo de Facebook que reclama un botón de “no me gusta” en las noticias de los contactos. Supongo que cada uno tiene sus intereses y los defiende, pero con ciudadanos así de implicados, está claro que tenemos lo que nos merecemos.
De otro lado, he leído algunas críticas al manifiesto, muchas de ellas bastante bien fundamentadas, todo sea dicho. Leí también artículos de personas que critican tal o cual punto, o a los redactores del mismo, o la masa aborregada y esas cosas. Personalmente, me gusta que la gente critique. Pero es que si todos fuéramos tan super-guays, tan super-críticos, y tan super-independientes, ese manifiesto (imperfecto, está claro) nunca habría llegado a ser lo que fue, nunca se habría generado tantísimo ruido, nunca nos habrían escuchado, y seguramente esa ley, ahora mismo, seguiría su curso. Supongo que, en determinados momentos, hay que saber guardar las críticas para más adelante y hacer un frente común contra los enemigos de verdad. Como en El Padrino, y tal.
En fin. Cada uno es libre de apoyar o no apoyar, de criticar o no criticar lo que se salga de las narices. Me parece bien y lucharé porque así siga siendo. Eso sí, al menos me gustaría que no malgastaran sus independientes y críticas energías precisamente en llamar borregos a los que sí movimos un dedo para intentar defender las libertades de todos.
La foto que ilustra este post es de Carlos Sánchez–Almeida, otro borrego que acudió, al igual que un servidor, a la concentración convocada en la plaza de Sant Jaume de Barcelona. Intentaron disolvernos instalando en los edificios de la plaza en cuestión una horrible decoración navideña, pero ni con esas. ¡Ja!

Con esta excusa me encontré esta tarde haciendo balance. Creo que en general la cosa no ha estado mal. Ha habido, como en todo, momentos en los que habría deseado estar muerto –ahora constato que la mayoría en vísperas de exámenes–, pero supongo que globalmente la existencia me ha salido a devolver. Por eso, por una parte no me importaría que mañana nos coláramos todos por un agujero negro. La vida va de eso, por muy mal que suene. Es como en esas noches en que te das cuenta de que ese día todo ha ido según lo planeado y te refugias en la cama antes de que algo se tuerza. Bueno, al menos yo lo hago. No creo que lo que vaya a venir vaya a ser mejor que esto, tal y como están las cosas. Así que por mí vale.
Muchos crecimos estudiando sus partidas, disfrutando con su fantástico juego y admirando su independencia. Fischer ascendió hasta la cima por sus propios medios, con agresividad, con una personalidad arrolladora que, desgraciadamente se quebraría años después.



