Confesiones: La encuesta sin fondo

¿Algo que confesar? ¿Una aplicación entregada de la que no te sientes orgulloso? ¿Prácticas dudosas? Nuestra sección “Confesiones” puede ayudarte a tranquilizar tu conciencia contándonos de forma anónima ese momento en que tuviste que elegir entre la ética ingenieril y la cruda realidad.

No será tan especial como aquel blog maravilloso de Post Secret, pero algo es algo. El siguiente testimonio es una confesión en toda regla de lo bajo que se puede llegar a caer. Por expreso deseo de los protagonistas no se pueden dar más datos de los que hay…

No nos da tiempo. Nos mirábamos aquella mañana preocupados por la que se nos venía encima… frente a nosotros, un pliego de requisitos con una línea subrayada en rojo, donde se especificaba que el portal que desarrollábamos debía incluir la posibilidad de hacer diferentes encuestas en línea. Un montón de dinero pendía de un hilo.

Por algún motivo, esa maldita línea había pasado totalmente desapercibida hasta aquel último repaso. Además, quedaba claramente descrito que las encuestas debían estar conectadas a la base de datos, por lo que no valía insertar los formularios en pdf o vilezas similares… Y para colmo, sabíamos que nadie iba a consultar jamás, bajo ninguna circunstancia, los resultados de esas encuestas.

La idea bonita y elegante era construir un módulo para diseñar encuestas que pudiera adaptarse a cada necesidad, pero no había tiempo para eso, por supuesto. Ni siquiera había tiempo para implementar un esquema normalito en la base de datos ni módulo mediocre en PHP que tomara los datos. Había que resolver la papeleta en 15 minutos, y a ser posible, sin que nadie sospechara nada.

¿La solución? Una encuesta “sin fondo”, que no llevaba a ninguna parte. Un montón de menús con las preguntas, impecables, bien diseñados, correctamente presentados. Un botón de “Enviar” y un mensaje agradeciendo la colaboración “gracias, su opinión es muy importante para nosotros” y todo eso.

Lo que no sabían los usuarios era que sus datos no iban a ningún sitio. No se guardaban en la base de datos. Ni siquiera se enviaban por correo, nada. Se perdían irremediablemente en el mar de bits de Internet, desaparecían al pulsar aquel botón de “Enviar”. Y como suponíamos, nadie preguntó jamás por los datos de esas encuestas, que por otro lado, carecían de todo interés para la organización.

Y tu, ¿te animas a contarnos tu particular experiencia con el lado oscuro?

Publicado en Curso de ética ingenieril | 4 comentarios

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4 comentarios

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  1. 25 de Abril de 2007 a las 3:51 pm

    Floc escribió:

    xD Eso suele pasar? Espero que no todas las encuestas a las que he contestado sean de este tipo.

  2. 25 de Abril de 2007 a las 3:56 pm

    Inagotable escribió:

    Pues a mi parecer es la mejor implementación, si nadie va a consultar los datos después ¿para qué guardarlos y ocupar espacio? XD

  3. 25 de Abril de 2007 a las 10:55 pm

    Chamán escribió:

    a donde va a parar todo eso?? hay algun recondito lugar en internet donde se almacenen los bits olvidados? Haran una guerrilla contra aquellos que los destinaron al olvido? preocupado me quedo…

  4. 26 de Abril de 2007 a las 9:29 am

    pau escribió:

    Jajajajaja gracias a los tres :P

    Creo que no es una práctica habitual (espero) xD aunque estoy de acuerdo en que era la mejor implementación :-P

    ¿Volverán en efecto esos bits olvidados en busca de venganza?

    Gracias a todos xD

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